
La Patagonia es uno de los territorios más remotos, inhóspitos y espectaculares del planeta.
Un inmenso laberinto de océano, montañas, fiordos y glaciares, vientos cambiantes y frío.
Es en este entorno extremo donde la vela recupera su esencia más auténtica:
depender solo del viento, de la técnica y de la capacidad de adaptación.
La Patagonia no permite errores, pero recompensa con una experiencia única de aventura y navegación a vela.
La travesía se plantea como una expedición de navegación autónoma con dos patines de vela, avanzando conjuntamente a lo largo de toda la ruta y manteniendo coordinación constante. Cada embarcación será gobernada por un tripulante y equipada específicamente para la navegación de larga duración en zonas remotas, con velas reforzadas, sistemas de navegación y comunicación, y material de seguridad adecuado a condiciones exigentes.
La autosuficiencia es un pilar clave del proyecto: cada patín transportará todo el material necesario para operar sin apoyo externo durante toda la expedición. La navegación se realizará exclusivamente con luz diurna, planificando paradas nocturnas en zonas protegidas y adaptando el ritmo y las etapas a la meteorología, el estado del mar y los criterios de seguridad.
El patín de vela es una embarcación ligera y minimalista, sin timón ni orza, gobernada exclusivamente con el peso del navegante y el ajuste de la vela.
De fibra, con cinco bancadas de madera que aportan rigidez y soporte a la estructura.
Eslora: 5,60 m
Manga: 1,60 m
Peso: 100–120 kg
Se gobierna desplazando el cuerpo del tripulante sobre la longitud de la cubierta.